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EL ARTE DE LA ESTRATEGIA

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El Arte de la Guerra. Batalla de Gaugamela

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Preliminares

Respecto a las cifras, podemos decir que son meramente referenciales pues varían de una fuente a otra y es necesario ser muy precavido a la hora de establecer conclusiones. También está claro que la mayoría de fuentes, por no decir todas, son greco-romanas, por lo que ponen las cifras de los soldados persas en cinco y hasta en seis ceros. La noche previa, 30 de septiembre, los greco macedonios acamparon cerca, mientras Alejandro y los grandes generales planeaban la batalla que estallaría al día siguiente a escasos metros de allí. Darío mantuvo a sus soldados despiertos pues temían un ataque nocturno, lo que hizo que estos llegaran algo cansados a la mañana siguiente. Al día siguiente, 1 de octubre de 331 a.n.e., los persas se alinearon del siguiente modo: en medio iría Darío III con sus mejores tropas, protegidos por 15 elefantes y unos 50 carros. En el ala izquierda estaba al mando Bessos con tropas de diferentes nacionalidades; en el ala derecha Maceo, también con tropas de otras naciones como sirios, hircarnias, partos, mesopotámicas, etc.

Ahora bien, en cuanto a los ejércitos de Alejandro, unos 7 mil eran jinetes y alrededor de 40 mil infantes. La caballería principal eran los Hetairoi, compuesta por nobles macedonios que siempre iban cerca del caudillo. La infantería era donde reposaba la esencia de la victoria. En primer plano estaba la falange que cubría sus brechas con los hipaspistas y luego seguía la infantería ordinaria pero que no debía ser subestimada. Todos debían colaborar para mantener a la falange incólume, sólo así podría asegurarse la victoria. En el ala derecha, Alejandro mandaba junto con su caballería noble acompañándolo. El resto cubriría a los arqueros y a las demás tropas en el ataque final. En el flanco izquierdo dirigía Parmenio, con jinetes y algunos mercenarios. El ejército de Alejandro, mucho más organizado gracias a la efectividad de la falange asemejaba a un enorme rectángulo humano listo para repeler cualquier ataque desde cualquier dirección.

El inicio del combate final

Ante total sorpresa de Darío, Alejandro y su caballería de élite se mueven hacia el ala izquierda de los persas. No avanzó directamente hacia las filas de Darío, en busca de este muy bien resguardado que habría significado una muerte segura. El rey persa ordenó que se destruya la tentativa de Alejandro para evitar distraer a sus tropas. Mientras eso sucedía las trompetas ya habían sonado y la tierra empezó a temblar en aquel terreno de
Gaugamela a causa del movimiento de miles y miles de soldados. Alejandro, mientras tanto, consiguió desbaratar a las tropas que lo perseguían en la zona lateral; y ya para ese momento, Darío había lanzado sus carros contra la falange, pero los occidentales abrieron sus filas dejándolos pasar para luego pasarles cuchillo hasta el último hombre. Darío envió, quizá cometiendo un gran error, a la caballería persa del sector central para detener a Alejandro y sus avances en la batalla, pero esto sólo generó que se abriera un punto vulnerable para él. Era lo que Alejandro había querido. El caudillo macedonio dejo su posición lateral y con todos sus jinetes disponibles se dirigió hacia la brecha dejada por Darío, quién al verse tan cerca de el temerario joven abandonó el campo de batalla, generando la confusión y la desmoralización de sus tropas, muchas aún sin combatir. Poco a poco los persas se irían dispersando.

Gracias al plan de Alejandro se había conseguido atrapar a la familia de Darío quien no hizo mejor que abandonarlos a su suerte, hecho del cual luego se arrepentiría. Sin embargo, los persas que aún quedaban en el campo decidieron romper las líneas macedonias con el fin de rescatar a la familia real; su ataque no prosperó, pues la falange con sus enormes lanzas, consiguieron acabar con cualquier ataque envolvente del ala izquierda persa. Mientras, en el otro extremo, el derecho, la caballería persa sí consiguió envolver al lateral izquierdo del ejército de Alejandro. Justo en esos momentos el caudillo se debatía entre seguir a Darío o continuar batallando, aunque finalmente sabemos que Alejandro desistió de su idea tras recibir el mensaje de Parmenio. La pelea continuó algún tiempo más y la persecución se prolongó hasta el anochecer.

Como balance final podemos hablar de una decisiva y contundente victoria macedónica, la huida de Darío y el cercano fin de los persas. Según estimaciones modernas se perdieron entre 500 a 1000 vidas greco-macedónicas, frente a 40 mil persas, lo cual no deja de ser exagerado, sin embargo, conocer la cifra exacta siempre será algo imposible de averiguar. De ahí en más Alejandro Magno, no se detendría hasta tomar el inmenso imperio persa, y establecer su voluntad desde Egipto hasta la India.

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