Descubre las 40 máximas de la brillante sabiduría de Epicuro: claves poderosas para vivir con felicidad, serenidad y auténtica plenitud.
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Máximas Capitales. Epicuro
12. No era posible disipar el
temor acerca de las cosas supremas sin examinar cuál es la naturaleza del
universo y sin abrigar alguna sospecha de las creencias sobre los mitos. De
manera que sin la investigación de la naturaleza no era posible conseguir placeres
puros.
13. Ninguno sería el provecho de
procurarse la seguridad entre los hombres, permaneciendo los recelos por las
cosas de arriba, por las de debajo de la tierra y, en una palabra, por las del
infinito.
14. Obtenida hasta cierto punto
la seguridad frente a los hombres por un poder fuerte y una buena posición,
surge la seguridad más radiante, derivada de la tranquilidad y del abandono de
la multitud.
15. La riqueza conforme a la
naturaleza está limitada y es muy fácil de conseguir. Lo que es conforme a las
vanas opiniones cae al infinito.
16. Breves ataques lanza contra
el sabio la fortuna, pues los mayores y más importantes bienes se los ha
suministrado su razón y durante todo el tiempo de su vida se los suministra y
se los suministrará.
17. El justo es totalmente
imperturbable; el injusto está lleno de la mayor perturbación.
18. No crece en la carne el
placer una vez alejado el dolor causado por la necesidad, sino que sólo se
colorea. El límite del placer dispuesto por la mente lo engendra la
investigación sobre estas mismas cosas y sus afines, que han causado al
pensamiento los mayores temores.
19. El tiempo infinito y el
limitado dan lugar a un placer igual, si uno mide los límites de éste con la
razón.
20. La carne tiene los límites
del placer por infinitos y un tiempo infinito lo proporciona. Pero la mente,
que ha efectuado el cálculo de la finalidad y el límite de la carne y que ha
disipado los temores acerca de la eternidad, proporciona la vida perfecta y no
tenemos ya ninguna necesidad del tiempo infinito. Y no rechaza el placer ni,
cuando las circunstancias disponen nuestra salida de la vida, acaba como si
pasara por alto algo de la vida mejor.
21. Quien conoce exactamente los
límites de la vida sabe qué fácil de conseguir es aquello que expulsa el dolor
causado por la necesidad y hace perfecta la vida entera. De manera que para
nada necesita de cosas que acarrean pleitos.
22. Es preciso considerar el fin
propuesto y toda la evidencia hacia la que elevamos nuestras opiniones. Si no,
todo estaría lleno de desorden y turbación.
23. Si te opones a todas las
sensaciones, no tendrás ni siquiera un principio al que referir aquellas que
dices ser falsas.
24. Si rechazas completamente
cualquier sensación y no distingues lo figurado en relación a lo que nos espera
y lo ya presente en la sensación, los sentimientos y toda percepción
representativa de la mente, confundirás también las restantes sensaciones con
la vana opinión, de manera que rechazarás todo criterio de juicio. Pero si
tienes por seguro todo lo esperado en tus pensamientos opinables y lo que no
tiene confirmación, no evitarás el engaño. Así que en todo juicio de lo
verdadero o no verdadero estarás conservando una total ambigüedad.
25. Si en toda ocasión no
refieres cada uno de tus hechos al fin de la naturaleza, sino que te desvías
adoptando sea el rechazo sea la elección hacia cualquier otro, tus acciones no
serán conformes con tus palabras.
26. Todos aquellos de los deseos
que no conducen al dolor si no son saciados, no son necesarios; pero son un
apetito fácil de disolver cuando parecen ser difíciles de obtener o causantes
de daño.
27. De cuantos bienes nos
proporciona la sabiduría para la felicidad de toda la vida, el mayor con mucho
es la adquisición de la amistad.
28. El mismo conocimiento nos
hace confiar en que nada terrible es eterno ni duradero y nos hace ver en
extremo completa la seguridad de la amistad dentro de los mismos límites.
29. De los deseos unos son
naturales y necesarios. Otros, naturales y no necesarios. Otros, ni naturales
ni necesarios, sino nacidos de la vana opinión.
ESCOLIO: Epicuro considera
naturales y necesarios a los que eliminan el dolor, como la bebida para la sed.
Naturales y no necesarios a los que sólo colorean el placer, pero no alejan el
sufrimiento, como los alimentos refinados. Ni naturales ni necesarios, como las
coronas o las ofrendas de estatuas.
30. En aquellos de los deseos
naturales que no ocasionan dolor si no se sacian se da un intenso afán, nacen
de una vana opinión y no se disuelven, no por su propia naturaleza, sino por la
vanidad del hombre.
31. Lo justo según la naturaleza
es una convención sobre lo que lleva a no hacerse daño unos a otros y a no ser
dañado.
32. En relación a todos aquellos
animales que no pudieron hacer pactos de no dañarse unos a otros ni ser
dañados, nada fue justo ni injusto. Y de la misma manera también, de todos
aquellos pueblos que no pudieron o no quisieron hacer los pactos de no dañar ni
ser dañados.
33. No es nada en sí misma la
justicia, sino cierto pacto de no dañar ni ser dañado en las relaciones de unos
con otros en distintas ocasiones y en un cierto tiempo.
34. La injusticia no es en si
misma un mal a no ser en el temor por la sospecha de que no pasará
desapercibida a los que están puestos para castigar tales acciones.
35. No le es posible a quien obra
a escondidas contra alguno de los pactos establecidos entre unos y otros de no
dañar ni ser dañado confiar en que pasará desapercibido, aunque diez mil veces
haya pasado desapercibido hasta el presente. Es incierto si pasará
desapercibido hasta el fin.
36. Según el derecho común, lo
justo es lo mismo para todos, pues es algo útil en la relación de unos con otros.
Pero según el particular de un país y de cada una de las ocasiones, no para
todos resulta ser justo lo mismo.
37. De las leyes que son
consideradas justas, aquella que es útil en las exigencias de la relación de
unos con otros tiene el carácter de lo justo, tanto si es la misma para todos
como si no. Si alguno establece una ley, pero no resulta de utilidad para la
relación de unos y otros, ya no tiene ésta la naturaleza de lo justo, y si
cambia lo útil en relación a lo justo, pero durante algún tiempo se ajusta a
nuestra prenoción, en nada es menos justo durante aquel tiempo para quienes no
se dejan confundir con vanas palabras, sino que miran simplemente a la
realidad.
38. Cuando, sin resultar nuevas
las circunstancias, es evidente que las leyes consideradas justas no se adaptan
en los mismos hechos a nuestra prenoción, éstas no son justas. Cuando,
resultando nuevas las circunstancias, ya no convienen las leyes consideradas
justas, eran justas entonces, cuando convenían a la relación mutua de los
conciudadanos; después, cuando no convienen, ya no son justas.
39. El que se ha formado de la
mejor manera para no poner su confianza en las cosas de fuera, éste hace que
todas las cosas posibles le sean familiares y que las no posibles no le sean al
menos extrañas. Y con cuantas cosas no le es posible ni siquiera esto,
permanece al margen y se limita a aquello que le es útil hacer.
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