El Arte de Tener Razón, según Arthur Schopenhauer

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El arte de ganar debates con estrategia. Schopenhauer revela
la estrategema crucial para destruir argumentos: la amplificación.

Se realiza la exposición de las estratagemas sin tener en cuenta si se tiene o no razón objetiva; pues tal cosa no puede saberse con seguridad y, además, eso es lo que debe decidirse por medio de la disputa propiamente dicha. 

El Arte de Tener Razón, según Arthur Schopenhauer

Por cierto, en toda discusión o argumentación en general hay que estar de acuerdo sobre algo desde lo cual, a modo de principio, podamos juzgar el asunto en cuestión: Contra negantem principia non est disputandum [Con quien niega los principios no puede discutirse].

ESTRATAGEMA 1. La amplificación. 

La afirmación del adversario se lleva más allá de sus límites naturales, se la interpreta de la manera más general posible tomándola en su sentido más amplio y exagerándola. La propia afirmación, en cambio, se especifica cuanto se puede reduciéndola a su sentido más nimio, a sus límites más estrechos, pues cuanto más general sea una afirmación, a más ataques estará expuesta. El remedio más eficaz contra la amplificación es la definición concreta de los puncti y el status controversia [los puntos a discutir y las condiciones de la discusión).

Ejemplo 1. 

Afirmé: «Los ingleses son la primera nación en el arte dramático.» – El adversario quiso intentar una instantia y manifestó: «Que de todos era conocido que tanto en lo que a música se refiere, y por consiguiente, tampoco en la ópera, hubieran hecho algo de importancia». -Le repliqué recordándole que «la música no está incluida entre las artes dramáticas; éstas se refieren únicamente a la tragedia y la comedia», lo que él muy bien sabía, sólo que intentó generalizar mi afirmación para poder incluir en ella todas las representaciones teatrales, y por consiguiente, también la ópera y la música, con lo que me derrotaría con seguridad.
A la inversa, se salva la propia afirmación mediante su limitación con respecto al primer propósito manifestado, si la expresión utilizada lo favorece.

Ejemplo 2. 

A dice; «La paz de 1814 incluso devolvió a todas
las ciudades hanseáticas alemanas su independencia». -B responde con una
instantia in contrarium que Danzig, que había conseguido su independencia gracias
a Bonaparte, la perdió con aquella paz. -A se salva de esta manera «yo
dije «todas las ciudades alemanas», Danzig era una ciudad hanseática
polaca».

Esta estratagema la enseña ya
Aristóteles en los Tópicos (lib. VIII, c. 12, 11).

Ejemplo 3. 

Lamarck (Philosophie zoologique [París, 1809], vol. 1,
p. 203) niega a los pólipos toda clase de percepción sensible porque carecen de
nervios. Pero, sin embargo, se sabe que perciben, pues buscan la luz en tanto
que artificiosamente se mueven hacia ella de ramo en ramo; y atrapan su presa.
De esto se ha concluido que la masa nerviosa está proporcionalmente esparcida
por la totalidad del volumen de sus cuerpos, homogéneamente fundida; ya que es
evidente que tienen algún tipo de percepción, aunque sin órganos perceptores
específicos.

Porque esto invalida su
hipótesis, Lamarck argumenta de forma dialéctica: «En este caso cada una
de las partes del cuerpo de los pólipos debería ser capaz de toda clase de
percepción sensible, de movimiento, de voluntad, de pensamiento, siendo así que
el pólipo tendría en cada punto de su cuerpo todos los órganos correspondientes
a las especies de los animales más perfectos. Cada partícula podría ver, oler,
gustar, oír, etc., y también pensar, juzgar, inferir; en definitiva: cada
molécula de su cuerpo sería como un animal perfectamente desarrollado, y el
mismo pólipo ocuparía un puesto superior al del ser humano, pues cada uno de
sus trocitos poseería todas las capacidades que el hombre sólo tiene en
conjunto. – Además, no habría ninguna razón que impidiese aplicar lo que sobre
los pólipos se afirma, también a cada mónada, el más imperfecto de todos los
seres, y, finalmente, también a las plantas, que por supuesto también viven,
etc.»

-Con el uso de tales estratagemas
dialécticas traiciona un escritor que en su fuero interno es consciente de no
tener razón. Porque se afirmó: «su cuerpo entero es sensible a la luz, por
lo tanto es de naturaleza nerviosa, concluye que todo el cuerpo piensa. Del libro El arte de tener razón: Expuesto en 38 estratagemas, de Arthur Schopenhauer 

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