El artículo trata de
“estratagemas”. No son por tanto estrategias sólidas, sino trucos astutos y
aquí verás cómo funcionan en campañas electorales
Siempre estamos en campaña
electoral. Este show nos sale demasiado caro como para no sacarle todo el jugo,
y además no hay forma de escaparse de él. Mi propuesta es que saquemos
lecciones de las elecciones. Observemos lo que hacen para ser mejores
estrategas. No digo que hagamos todo lo que hacen, pero al menos que sepamos
por qué les funciona.
Ver La sabiduría secreta de Maquiavelo
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| 10 estratagemas de manipulación usadas en campañas electorales |
Hablar de política en campaña
electoral parece la forma más eficaz de quedarse sin amigos. Así que tomaré
algunas medidas, como escatimar los ejemplos (no faltarán estos días) y dejar
claro que todo esto no se refiere a los políticos en general, sino sólo a los
que votan otros, no nosotros.
El artículo trata de
“estratagemas”. No son por tanto estrategias sólidas, sino trucos astutos.
Tampoco me voy a enfocar en las estratagemas más retóricas: interrumpir al
contrario, descalificarlo personalmente y con él a todas sus ideas, martillear
con eslóganes o soltar malicias después de decir «por no mencionar”… Esas
forman parte del juego social desde la invención de la elocuencia en unos
pleitos en Siracusa en el siglo V a.C. y no vamos ahora a quejarnos.
Ver Las 20
leyes de la astucia
Las diez estratagemas que traigo son las que me parecen perniciosas porque contribuyen a alejar de la realidad a la política y por tanto, al país. Lamentablemente, no creo ser exhaustivo.
Creo que esas 10 estratagemas
hacen que el juego electoral se desvirtúe. Una forma de ver las cosas es que el
objetivo de hacer elecciones es que el poder que según la Constitución “emana”
de los ciudadanos no quede flotando por ahí sino que llegue al lugar más
correcto. Somos como accionistas del país, sólo que no nos preocupamos de la eficacia
de la empresa y su orientación a largo plazo como los accionistas de una
empresa.
No está de más pensar que
alrededor del pequeño reality ideológico y emocional de la campaña que hoy
empieza, hay un mundo muy desafiante.
La globalización pasa de mover
productos a mover masas de personas, la revolución digital cambia a la vez cómo
producimos y cómo generamos conocimiento, la geopolítica y la demografía están
interesantes, que es lo peor que les puede pasar, y la bioingeniería, la
robótica o la simple sostenibilidad urbana abren retos aún por imaginar. En sus
elecciones de gobierno, un país se juega estar entre los ganadores o los
perdedores, por no hablar de los desafíos internos.
Ante este panorama decisivo,
nuestra agenda política parece de patio de colegio. No hay estrategia país
asumida, no hay líneas que trasciendan una legislatura, no buscamos mejores
prácticas para generar suma positiva, ni consistencia entre valores e
iniciativas, ni seguimiento o simple perseverancia.
El pensador de sistemas Rusell
Ackoff dijo que para arreglar un sistema roto nos tenemos que fijar en las
interacciones y no en lo que hace cada elemento. También dijo que nunca un
sistema que es fruto de los hombres podrá ser más astuto que cierto porcentaje
de los que lo sirven. Por tanto, no podemos confiar en que el propio sistema se
autocorrija.
Estar atentos a estas
estratagemas que practican en campaña cuando interaccionan con nosotros es una
de nuestras responsabilidades como ciudadanos.
He agrupado las diez estratagemas
en dos tipos, partiendo de la ingenuidad de que primero habría que debatir qué
es lo mejor y después saber quién lo puede hacer mejor.
- las que nos apartan de tratar los
temas importantes - las que nos apartan de elegir a
los más eficaces
10 estratagemas de manipulación usadas en campañas electorales
Estratagemas para que no se hable
de lo importante
1. “Tener un buen suministro de temas irrelevantes pero apasionantes”.
El historiador Toynbee observó
que una nación permanece fuerte mientras se preocupa de sus problemas reales, y
comienza su decadencia cuando se ocupa de los detalles emocionales o
accesorios. Esto último libera al político de su cara de gestor y le deja jugar
a ser encarnación chamánica del pueblo, que es más arte que ciencia, así que no
hay que estudiar, y es más difícil de medir, así que no hay que rendir cuentas.
En las escuelas de negocio se
estudia cómo los principales productores de cereales para el desayuno
consiguieron que subiera su precio continuamente durante décadas haciendo mucha
publicidad, muchos cambios de marca e incluyendo regalitos en los paquetes. Así
creaban apariencia artificial de novedad (perjudicando a nuevos entrantes), y
conseguían diferenciarse sin añadir prestaciones a un producto de coste real
mínimo. Aquí también la política nos ha salido más cara de lo que debiera, ha
dado poco valor y ha estado protagonizada mucho tiempo por los mismos.
Como en los cereales, estos días
veremos muchos temas para que la agenda dé vértigo y no se detenga en lo
sustancial, y se prometerán muchos regalitos para el pueblo.
2. “Sobornar a la gente con su propio dinero para que parezca que todo
va bien”
Definía Paul Valéry la política
como «el arte de apartar a la gente de los asuntos que propiamente les
conciernen». Los políticos existen porque es más práctico que se encarguen
ellos de esos asuntos que reunirnos a hablar todos los días. Puede que Internet
lo empiece a permitir pero de momento necesitamos representantes. Pero para que
alguien se encargue los otros tienen que saber encargar.
Alexis de Tocqueville, en su
perspicaz y visionario análisis de la joven democracia americana, veía que la
prosperidad traía el peligro de que la política acabara en manos justo de
quienes menos tenían que ganar mediante el trabajo o el negocio, y que
acabarían “sobornando a los ciudadanos con su propio dinero”. Esto nos ayudaría
a enriquecer la definición de Valéry, pero añadiendo el matiz de que el dinero
se gastó hace tiempo. Así que, contando con lo que nos cuentan de las cuentas:
“La política es el arte de
apartar a los ciudadanos de sus asuntos, sobornándoles con dinero público
pedido prestado en su nombre y en el de sus hijos”
Ya Maquiavelo hablaba del “favor
y asistencia de los conciudadanos” como uno de los dos caminos para llegar al
poder. Ese dinero engaña sobre la realidad de las finanzas públicas y por tanto
permite crear la ilusión de éxito que nos hace creer que podemos permitirnos
discutir fruslerías (o construir fruslerías).
3. “Dominar el storytelling emocional”
Hay mecanismos permiten pasar de
puntillas por la realidad, y eludir la profundidad en el debate. El lingüista y
muy progresista Lakoff no entendía por qué la gente votaba al muy simple
candidato Bush. Quizá son los mismos motivos que hoy elevan el discurso de
Trump. Introdujo el concepto de «marco del debate”: dar a las propuestas
palabras o argumentos con resonancia emocional o cultural.
Así, invadir un país es “guerra
al terrorismo”. Claro que una metáfora es bloqueable con otra metáfora, como
“derecho a decidir” y “provida”. La “Ley de Seguridad Ciudadana” ya ocupa
titulares en medios relevantes dando por hecho que su nombre es “Ley Mordaza”
lo que no le augura un gran futuro.
Por otro lado, el mismo Lakoff
advertía de la forma más eficiente de embaucar a los votantes: gastando los
mínimos razonamientos y compromisos posibles. Eso se consigue apelando a
registros ya efectivos en el subconsciente. Otro tanto hacen las novelas y el cine.
En algún surco cerebral están historias que sólo hay que llenar con los
protagonistas adecuados para persuadir.
Los votantes son “avaros
cognitivos”, siempre dispuestos a comprar cualquier simplificación para relajar
la CPU. Los argumentos siguen los mismos patrones de los relatos de autodefensa
y liberación que vemos en muchas películas. Otra táctica similar que aprovecha
nuestra pereza mental es el “perogrulladismo”. Consiste en defender con
vehemencia obviedades, de forma que el opositor aparece rebajado tanto si
interviene como si lo deja pasar.
Es sabido que cierto partido
español relevante repartió libros de Lakoff entre sus mandos.
4. “Hablar sólo de lo que divide a los otros”
A la gente le gusta ganar y tener
razón. Muchas estratagemas son para hacer creer que se ganará, desanimando a
levantarse del sofá a los que simpatizan con tus contrarios y capturando voto
útil de los lados.
Aquí las estratagemas son
variadas. La principal es “divide y vencerás”, que es un clásico en estrategia.
Aquí se traduce en que en lugar de hablar de lo importante o de cómo hacer lo
que se necesita, procurar que la agenda siempre se enfoque en lo que divide al
contrario. Las esteladas, la relación con la Iglesia o lo que sea.
El aludido, puesta en duda su
identidad, entra rápido en el juego. El resto observamos el partido de tenis y
olvidamos lo que está en juego en realidad. La ley d’Hont refuerza el atractivo
de esta estratagema. Tanto gobierno como oposición dedican todo el airtime
posible a este trabajo de zapa, lo que de nuevo desvía la agenda de lo
importante.
5. “Abducir a los replicantes”
En nuestro país la política ha
sido expansiva y eso nos ha hecho poco dados a construir una «sociedad civil»
que actuara de réplica y obligara a perfeccionar el discurso de la política.
En el mundo de la inversión se
habla de las “murallas chinas” que separan al que valora una empresa, del que
la audita o del que tiene intereses en ella. Sin embargo, más allá de no tener
la mejor separación de poderes, medios, mundo financiero y empresarial,
colegios profesionales… no son impermeables a la política. Por ejemplo, se me
ocurre que algunas barbaridades no se habrían construido si algunos agentes e
instituciones tuvieran más independencia y ascendiente.
Estratagemas para ser elegido
aunque no seas eficaz
6. “Simular la eficacia”
Para qué ser eficaz cuatro años
si puedes simularlo unas semanas. El político que aspira a gobernar “el
ejecutivo” sabe que la eficacia es un atributo de imagen deseable. “Gato
blanco, gato negro, qué más da si caza ratones”. Una conocida frase de Deng
Xiaoping, que viene a decir que la prosperidad o la eficacia importa más que
las ideologías.
No se puede estar en contra de
que un gobierno tenga logros, los muestre y saque rendimiento electoral. Para
eso se les elige. Sin embargo, pasa a ser estratagema cuando al ratón no se le
ha cazado y se enseña su foto en el cepo trucada con photoshop. Ratones o
estadísticas manipuladas que ocultan ratones muy vivos.
La política tiene un problema con
la capacidad de acción. El sistema interno de los partidos no favorece el
ascenso de los eficaces. En el “Breviario para Políticos” del Cardenal Mazarino
se decía que “si tienes que abandonar un cargo, evita que tus sucesores posean
unas capacidades visiblemente superiores a las tuyas”. No parece un consejo
desoído en estos casi 400 años, así que cuando un partido no es nuevo y ya ha
tenido unas cuantas iteraciones, este darwinismo inverso hace estragos.
Ver mas sobre el Cardenal Mazarino
Un corolario molesto de esta
estratagema de simular eficacia es la necesidad del político de hacer creer que
siempre tiene razón. Pocos aguantaríamos a amigos o familiares que pretendieran
ser infalibles, pero la tele está llena. El rey emérito aceptó errores, aunque
fuera en la prórroga, y hasta el Papa Francisco ha permitido hace unos meses
debatir libremente el dogma de la infalibilidad. Pero para el político
reconocer un error es tabú, y para conjurarlo suele utilizar la fórmula “y tú
más”.
Mientras, los votantes hemos sido
educados en que esperar eficacia y resultados es mucho pedir.
7. “Eludir compromisos”
La más obvia. Para que no se te
exija desempeño, no dejes que te midan. Si te eligen por tu carisma y no por lo
que vas a hacer, tu único compromiso es sentarte en tu silla. Esa es la
situación ideal para el político. Cuando un periodista hace la odiosa pregunta
del “qué harán cuando…”, es interesante observar como el político se remueve en
su asiento y tiene un instante de irritación antes de contestar cualquier cosa
vagamente relacionada.
En ese momento parece recordar
esa línea del Rey Lear de Shakespeare: “Ellas me quieren azotar si digo la
verdad; tú quieres azotarme si miento; y a veces soy azotado por guardar
silencio”.
El analista militar Dixon
escribió “tenemos también el interesante comportamiento de las personas que
tratan de evitar las consecuencias desagradables del fracaso mediante el simple
recurso de ni siquiera intentar nada”. Los que se creen arriba arriesgan menos.
No olvidemos que Cela decía que “en este país el que resiste, gana”, y pronto
sabremos si tenía razón.
Anguita se hizo famoso por su
“programa programa programa” pero claro, nunca tuvo opciones de gobernar.
Mientras, en las empresas se tiende a reclamar que las metas sean “SMART”:
específicas, medibles, alcanzables, relevantes y con límite temporal para
cumplirse. Sería una abominación sin duda introducir esta idea en el debate
político. Aquí la meta perfecta es “FOOL”: fácil, onerosa, oportunista,
llamativa.
Es decir, “fácil”, que no cueste
mucho parecer que se hace algo (por ejemplo, es fácil escribir una ley, difícil
reformar la administración de justicia). “Oportunista”, porque tiene que servir
para erosionar la postura del contrario evidenciando algún defecto o culpa
suyo. “Onerosa”, que cueste mucho dinero, así si no se hace es por ese motivo
que es responsabilidad de otros y no por gestión. “Llamativa”, para lo que no
es importante sacrificar la realidad de las leyes, las tendencias o las reglas
de tres de la economía.
8. “Monsterizar al contrario en vez de cumplir”.
Si no quiero especificar la
zanahoria (lo que voy a ofrecer) por si me lo reclaman, quizá conviene
describir el palo. Es lo más sencillo: si mi principal adversario es un
monstruo y yo tengo opciones, deberían votarme todos los que le teman, aunque
yo sea mediocre o no sea su mejor opción. Por tanto un corolario de esta ley es
buscar “un monstruo” adecuado para reflejarlo en tu principal contrincante, sea
un grupo terrorista, cualquier antiguo dictador de los de bigote, la revolución
bolivariana o la troika comunitaria. Recordemos: los votantes son avaros cognitivos.
Para qué explicar nada si se pueden poner dos fotos juntas.
En mi opinión se abusa de esta
táctica. Primero porque es de mal gusto y cansa, después porque si insistes el
afectado puede jugar a ponerte enfrente del monstruo y quedar él de moderado, y
finalmente, porque como decía Nietzsche, “quien con monstruos lucha cuide de no
convertirse a su vez en monstruo”.
9. “No hacer nada pero ser mucho”
La cuestión es sencilla. Si el
juego electoral consiste en hacer creer a suficiente número de grupos de
interés de que conviene que sean estos políticos los que estén en el poder y no
otros, pero no queremos que nuestra gestión sea medida. ¿Qué hacer para que me
voten aunque no sea bueno gestionando? Es más fácil convencer de que me votes
porque soy como tú. Detrás está la premisa de que en el mundo no hay suma
positiva, que unos ganan y otros pierden, y que yo te favoreceré y él no. Es lo
contrario del “busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo”.
Ese “ser cómo tú” como argumento
es pernicioso, porque divide y se basa en agravios comparativos. Esas líneas
que se marcan pueden ser geográficas, históricas, demográficas, culturales o
económicas. Mucho de lo que el debate pierde de futuro frente al pasado y de
razón frente a emoción se debe a esta estratagema. El acierto en esta
estrategia puede hacer vender mucho de golpe y crear fuertes fidelidades basada
en la identidad. Por eso muchos candidatos prefieren trabajar la diferencia,
sus símbolos y sus formatos, y olvidan las ideas que llevan a gobernar para
todos y la eficacia.
10. “Vampirizar la esencia del contrario”.
La estratagema anterior tenía un
problema: puedes eludir que te exijan apelando a la identidad, pero no puedes
crecer mucho electoralmente si te identificas con un grupo. La pregunta de los
partidos que han logrado la identificación con un segmento concreto ahora es:
¿cómo hacer creer a dos grupos de interés que ambos me han robado el corazón?
¿Cómo ser blanco y negro a la vez? Una respuesta podría ser: haciendo las cosas
bien, ambos lo valorarán. Pero hay una respuesta que tiene menos esfuerzo y que
los profesionales del marketing conocen bien.
Si Mahou es un “sabor de cinco
estrellas”, a Estrella Damm y a Estrella de Galicia les quita un poquito de
esencia, les hace más indiferenciados. Un partido puede jugar con las palabras
y las imágenes. En las palabras es un juego que suele apuntar a los medios:
“centro”, “progreso” y “socialdemocracia” son palabras disputadas. Entre las
imágenes, jóvenes, economistas o militares pueden absorber las imágenes
arquetípicas de otro partido colocándose detrás de un candidato. O a lo mejor
basta una corbata puesta con cuidado descuido, o alguna escena de forzada
naturalidad.
A la hora de la ejecución,
paradójicamente los partidos tienden hacer las cosas importantes que menos
agradan a sus votantes. No ha sido la derecha la que hizo la reconversión
industrial o la entrada en la OTAN, ni la izquierda la que aprobó la Ley de Divorcio.
Tus votantes son rehenes y los opositores quedan vampirizados. Sabemos que un
candidato cree que tiene posibilidades porque siempre trata de hablar en nombre
de todos menos de unos pocos.
Fuente: https://bit.ly/2WMVhsS