Maquiavelo y la estrategia de la venganza

Compartir
Estrategia. La venganza según Maquiavelo

Para Maquiavelo, la venganza era una herramienta estratégica que podía ser utilizada para consolidar el poder y afirmar la autoridad.

Niccolò Machiavelli, el renombrado filósofo político del Renacimiento italiano, es más conocido por su obra cumbre «El Príncipe», donde expone sus ideas sobre el ejercicio del poder y la política. 
Sin embargo, más allá de sus teorías sobre el gobierno y la diplomacia, Maquiavelo también dejó un legado de reflexiones intrigantes sobre la naturaleza humana y sus motivaciones más oscuras, incluida la venganza.
En un mundo donde las relaciones políticas estaban impregnadas de intriga y traición, Maquiavelo observó y analizó cómo los líderes y gobernantes manejaban los agravios y las afrentas. Para él, la venganza no era simplemente un acto de ira ciega, sino una herramienta estratégica que podía ser utilizada para consolidar el poder y afirmar la autoridad.

Maquiavelo dice: «A ningún hombre se le debe menospreciar hasta el punto de creer que, por injuriado que sea, no pensará en vengarse a costa de los mayores peligros, aun el de perder la vida. (Maquiavelo, Discursos, 2, XXVIII)»

Muchas personas, en apariencia insignificantes, han destruido en venganza a personas poderosas que les injuriaron al menospreciarles. El Sah de Corasmia atacó una caravana de mongoles de Gengis Khan. Éste envió embajadores para solicitar explicaciones al Sah, pero fueron torturados y ejecutados. Tras tamaña injuria, y haber menospreciado al mongol, las hordas del Khan acabaron con este reino y su Sah en una veloz campaña.
«A los hombres se les ha de mimar o aplastar, pues se vengan de las ofensas ligeras ya que de las graves no pueden: la afrenta que se hace a un hombre debe ser, por tanto, tal que no haya ocasión de temer su venganza.» (Maquiavelo, El Príncipe, III)
Si de verdad vas a afrentar a alguien, debes aplastarlo; de lo contrario, abstente. Como es muy difícil aplastar totalmente a las personas, es mejor mimarlas y desistir de destruirlas, salvo que seas Gengis Khan.