Los puntos ciegos de tu personalidad: 7 cosas que los demás ven en ti y tú no

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Descubre los puntos ciegos de tu personalidad: 7 aspectos que los demás perciben en ti y que pueden ayudarte a conocerte y mejorar.

¿Qué son los puntos ciegos de la personalidad?

Los puntos ciegos de la personalidad son características, hábitos y comportamientos propios que no identificamos con facilidad, aunque otras personas sí los perciban. Pueden influir en nuestras relaciones, decisiones y forma de comunicarnos. Descubrirlos permite contrastar nuestra imagen personal con la impresión que dejamos en los demás.

Hay una situación que probablemente has vivido alguna vez. Después de una discusión, estás convencido de que has mantenido la calma, has escuchado al otro y has defendido tu postura razonablemente. Sin embargo, la otra persona sale de la conversación pensando que eres impaciente, orgulloso y que no admites críticas.

¿Quién tiene razón? Quizá ambos tenéis parte de razón. Tú recuerdas tus intenciones y tus argumentos, mientras que la otra persona ha experimentado tu tono de voz, tus gestos y tus respuestas. Estáis observando una misma situación desde dos perspectivas diferentes.

Esta diferencia es más habitual de lo que parece. Nos conocemos desde dentro, pero los demás también nos conocen desde fuera. Y ambas perspectivas no siempre coinciden. El problema es que tendemos a conceder más importancia a lo que pensamos que somos que a las señales que transmitimos. Así podemos pasar años repitiendo comportamientos que perjudican nuestras relaciones sin ser plenamente conscientes de ellos.

La buena noticia es que esos puntos ciegos se pueden investigar. No necesitas convertirte en otra persona, sino aprender a observarte desde una perspectiva diferente. Ver La mente como arma estratégica: domina tu pensamiento, tus decisiones y tu influencia

En 30 segundos

  • Los puntos ciegos son un aspecto de tu comportamiento que no percibes con claridad.
  • Tus intenciones no siempre coinciden con la impresión que causas.
  • Los demás pueden detectar hábitos que tú has normalizado.
  • Recibir críticas no significa que todas sean ciertas.
  • Pedir opiniones concretas y comparar varias perspectivas ayuda a conocerte mejor.
  • El objetivo no es gustar a todo el mundo, sino comprender mejor cómo te relacionas con los demás.

7 puntos ciegos de tu personalidad que quizá desconoces

1. Crees que escuchas, pero en realidad estás esperando tu turno para hablar

Escuchar parece sencillo, pero muchas conversaciones son dos monólogos disfrazados de diálogo. Mientras alguien te cuenta un problema, quizá estás preparando mentalmente tu respuesta, buscando una solución o pensando en una experiencia propia que quieres contar. Cuando llega tu turno, respondes sin haber comprendido del todo lo que la otra persona quería transmitir. Ver La escucha empática

Tú puedes considerarte una persona comunicativa y atenta. Sin embargo, quienes te rodean quizá te describen como alguien que interrumpe, cambia de tema o necesita tener siempre la última palabra.

Ejemplo cotidiano: un amigo te cuenta que está preocupado por su trabajo. Antes de que termine, le explicas lo que debería hacer, le cuentas cómo resolviste tú una situación parecida y terminas hablando de tu experiencia. Tu intención era ayudar, pero su impresión puede ser la de que no le has escuchado.

Cómo descubrirlo: la próxima vez que alguien te cuente algo importante, intenta no ofrecer soluciones inmediatamente. Haz dos preguntas antes de dar tu opinión. Después observa si la conversación cambia.

2. Confundes sinceridad con decir siempre lo que piensas

Decir la verdad es una cualidad valiosa. Pero utilizar la sinceridad como justificación para cualquier comentario puede convertirse en un problema. Hay personas que se consideran muy directas porque expresan sus opiniones sin filtros. No obstante, los demás pueden percibirlas como bruscas, poco empáticas o incapaces de distinguir entre una observación útil y una crítica innecesaria.

Ejemplo cotidiano: un familiar te enseña algo que ha comprado con ilusión. Tú respondes inmediatamente que es feo, caro o poco práctico. Te justificas diciendo que simplemente has sido sincero. Pero ¿era necesario decirlo de esa manera? ¿Te había pedido realmente una opinión? La sinceridad no exige renunciar a la consideración hacia los demás. Puedes expresar lo que piensas sin convertir cada conversación en un juicio.

Cómo descubrirlo: recuerda las últimas veces que alguien se ha molestado por un comentario tuyo. Pregúntate si el problema estaba en el contenido de lo que dijiste o en la forma de expresarlo.

3. No te das cuenta de que quieres tener siempre la razón

Todos defendemos nuestras opiniones. El problema aparece cuando reconocer un error nos resulta más difícil que demostrar que estamos en lo cierto. Quizá interrumpes, buscas argumentos para desacreditar al otro o interpretas cualquier desacuerdo como un ataque personal. Desde tu perspectiva, estás defendiendo tus ideas pero desde fuera, puedes parecer una persona rígida y poco receptiva.

Ejemplo cotidiano: estás organizando unas vacaciones con tu pareja. Habéis elegido un destino, pero ella propone cambiarlo porque ha encontrado una alternativa mejor. En lugar de valorar la propuesta, empiezas a enumerar los motivos por los que tu decisión inicial era superior. Puede que tu elección sea buena. Pero quizá has convertido una decisión compartida en una competición por tener razón.

Cómo descubrirlo: intenta recordar cuándo fue la última vez que cambiaste de opinión después de escuchar a alguien. Si te cuesta encontrar un ejemplo, merece la pena reflexionar sobre ello.

4. Crees que transmites seguridad, pero los demás perciben arrogancia

La seguridad personal suele ser una cualidad positiva. Permite tomar decisiones, expresar opiniones y afrontar dificultades sin depender constantemente de la aprobación ajena. Sin embargo, existe una frontera entre tener confianza en uno mismo y transmitir superioridad. Hablar sin dejar espacio a otras opiniones, despreciar las sugerencias ajenas o mostrar impaciencia cuando alguien no comprende algo puede producir una impresión muy diferente de la que pretendes.

Ejemplo cotidiano: en una reunión familiar, alguien propone una solución a un problema doméstico. Tú respondes inmediatamente que esa idea no funcionará y explicas cómo debería hacerse. Quizá tienes experiencia en el asunto, pero los demás pueden interpretar tu actitud como una necesidad de demostrar que sabes más. La verdadera seguridad no necesita imponerse continuamente.

Cómo descubrirlo: observa si las personas se sienten cómodas expresando opiniones diferentes delante de ti. Si suelen callarse o evitar ciertos temas, quizá tu forma de reaccionar esté influyendo en ellas.

5. Piensas que eres generoso, pero los demás sienten que les haces favores con condiciones

Ayudar a los demás es una conducta positiva. Sin embargo, algunas personas confunden generosidad con necesidad de sentirse imprescindibles. Ayudan, aconsejan, intervienen en problemas ajenos y ofrecen soluciones incluso cuando nadie se las ha pedido. Después pueden sentirse decepcionadas si no reciben agradecimiento o reconocimiento.

Ejemplo cotidiano: ayudas a un amigo a encontrar trabajo. Le revisas el currículum, le envías ofertas y le recomiendas cómo acudir a una entrevista. Semanas después, descubres que ha elegido otra opción sin consultarte. Te molesta porque consideras que no ha valorado todo lo que has hecho. Quizá tu amigo agradece la ayuda, pero también quiere tomar sus propias decisiones. El punto ciego puede estar en no distinguir entre ayudar libremente y esperar que los demás actúen como nosotros deseamos.

Cómo descubrirlo: pregúntate si sigues dispuesto a ayudar cuando la otra persona no acepta tus consejos o no hace lo que tú consideras mejor.

6. Crees que eres una persona tranquila, pero transmites tensión a los demás

No hace falta gritar para generar un ambiente incómodo. Los silencios, las respuestas cortantes, los gestos de desaprobación y la impaciencia también comunican. Quizá piensas que controlas perfectamente tus emociones porque no pierdes los nervios de forma evidente. Pero las personas cercanas pueden notar que están midiendo continuamente sus palabras para evitar una reacción desagradable. Ver Genera respeto con 8 hábitos silenciosos

Ejemplo cotidiano: llegas cansado a casa después de trabajar. No discutes con nadie, pero respondes con monosílabos, haces gestos de fastidio y muestras poca tolerancia ante cualquier petición. Cuando alguien te pregunta qué te ocurre, respondes que no te pasa nada. Tú crees que has evitado un conflicto y los demás pueden sentir que deben caminar de puntillas a tu alrededor.

Cómo descubrirlo: presta atención a cómo cambia el comportamiento de las personas cuando estás cansado, preocupado o enfadado. Su reacción puede ofrecerte información sobre el ambiente que transmites.

7. Te consideras una persona independiente, pero dependes más de la aprobación de lo que imaginas

La independencia no consiste únicamente en tomar decisiones sin pedir permiso. También implica aceptar que otras personas pueden discrepar de nosotros sin que eso ponga en peligro nuestra autoestima. Quizá dices que no te importa lo que piensen los demás, pero te molesta especialmente que cuestionen tus decisiones, que no reconozcan tus esfuerzos o que no valoren tus logros.

Ejemplo cotidiano: publicas una fotografía, compartes una noticia sobre un éxito personal o cuentas una buena experiencia. Compruebas varias veces las reacciones y te decepciona que determinadas personas no comenten nada. No hay nada extraño en disfrutar del reconocimiento. El problema aparece cuando tu tranquilidad depende demasiado de recibirlo.

Cómo descubrirlo: piensa si mantendrías las mismas decisiones, aficiones y objetivos aunque nadie te felicitara por ellos. La independencia emocional no significa dejar de valorar las opiniones ajenas, sino evitar que determinen por completo cómo te sientes contigo mismo.

Lo que nunca te enseñaron

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Por qué tenemos puntos ciegos sobre nosotros mismos

No vemos nuestra personalidad desde una posición neutral. Tenemos recuerdos, expectativas, deseos y una imagen de nosotros mismos que hemos construido durante años y esa imagen influye en la interpretación de nuestras acciones.

Hay tres motivos especialmente importantes por los que tenemos puntos ciegos.

1. Conocemos nuestras intenciones, pero los demás ven nuestros comportamientos

Cuando hacemos algo, conocemos los motivos que nos han llevado a actuar. Los demás, en cambio, solo pueden interpretar lo que observan. Por ejemplo, puedes llegar tarde porque has tenido un problema inesperado. Tú sabes que no ha sido por falta de consideración, pero la persona que lleva media hora esperándote quizá interpreta que no valoras su tiempo. La intención y el impacto son dos cosas diferentes. Comprender esa diferencia es fundamental para mejorar las relaciones personales.

2. Nos acostumbramos a nuestros propios defectos

Cuando repetimos una conducta durante mucho tiempo, podemos dejar de percibirla como un problema. Una persona que interrumpe constantemente puede pensar que es muy participativa. Alguien que critica cualquier propuesta puede considerarse exigente. Y quien necesita controlar todos los detalles puede creer que simplemente es responsable. La costumbre convierte determinados comportamientos en algo normal para nosotros, aunque resulten incómodos para quienes nos rodean.

3. Nos cuesta aceptar información que contradice nuestra imagen

Si pensamos que somos generosos, inteligentes, pacientes o comprensivos, podemos reaccionar a la defensiva cuando alguien cuestiona esas cualidades. No necesariamente porque la otra persona tenga razón, sino porque su comentario entra en conflicto con la imagen que tenemos de nosotros mismos. La investigación sobre la autoevaluación ha demostrado que las valoraciones personales no siempre coinciden con el comportamiento observable y que las opiniones externas pueden aportar información complementaria. Una revisión publicada en Psychological Science in the Public Interest analiza precisamente estas limitaciones de la autoevaluación. Consultar el estudio de Dunning, Heath y Suls.

La ventana de Johari: lo que tú sabes de ti y lo que los demás descubren

Una de las herramientas más conocidas para comprender las diferencias entre nuestra percepción y la de los demás (puntos ciegos) es la llamada ventana de Johari, desarrollada por los psicólogos Joseph Luft y Harrington Ingham.

Este modelo organiza el conocimiento personal en cuatro áreas:

ÁreaQué significaEjemplo
AbiertaLo que tú y los demás conocéis de tiSabes que eres puntual y los demás también lo reconocen.
CiegaLo que los demás perciben y tú noInterrumpes conversaciones sin darte cuenta.
OcultaLo que tú sabes, pero no muestrasTienes miedo a equivocarte, aunque aparentas seguridad.
DesconocidaLo que ni tú ni los demás habéis identificadoUna capacidad que todavía no has tenido ocasión de desarrollar.
Los puntos ciegos de tu personalidad: 7 cosas que los demás ven en ti y tú no. Ventana de Johari
Los puntos ciegos de tu personalidad: 7 cosas que los demás ven en ti y tú no. Ventana de Johari

La zona ciega es especialmente interesante porque contiene información que puede ayudarnos a mejorar nuestras relaciones.

Imagina que cinco compañeros coinciden en que eres una persona muy resolutiva, pero también señalan que a veces decides demasiado deprisa y no consultas a los demás. Quizá tú solo ves la primera característica: tu capacidad para solucionar problemas. La información que aportan los otros permite descubrir la segunda.

La ventana de Johari no es una prueba diagnóstica ni una herramienta que mida científicamente toda la personalidad. Es un modelo de reflexión y comunicación que ayuda a organizar lo que sabemos de nosotros mismos y lo que conocemos a través de otras personas. Puedes consultar una explicación académica en este trabajo de la Universidad de Barcelona y una aplicación educativa en el portal de Educación de la Comunidad de Madrid.

Cómo descubrir tus puntos ciegos en la vida cotidiana

No necesitas realizar grandes cambios para empezar a conocerte mejor. Puedes comenzar con pequeños ejercicios que te permitan comparar lo que piensas de ti con lo que observan los demás para así comprender mejor tus puntos ciegos.

1. Pide opiniones a personas que te conozcan bien

Elige personas de distintos ámbitos: un familiar, un amigo, un compañero de trabajo y alguien con quien compartas actividades. No preguntes simplemente si eres buena persona o si caes bien. Son preguntas demasiado generales y suelen provocar respuestas amables, pero poco útiles.

Es mejor preguntar:

  • ¿Qué cualidad mía valoras más?
  • ¿Qué comportamiento mío puede resultar molesto?
  • ¿Cómo reacciono cuando alguien me lleva la contraria?
  • ¿Crees que escucho realmente a los demás?
  • ¿Qué debería mejorar en mi forma de relacionarme?

Lo importante es que las respuestas sean sinceras y concretas.

2. Observa las reacciones de los demás

Las personas no siempre expresan directamente lo que piensan, a veces sus comportamientos ofrecen pistas. Por ejemplo, si tus amigos dejan de proponerte planes, quizá debas preguntarte si sueles criticarlos o si siempre encuentras inconvenientes. Si tus compañeros evitan pedirte opinión, puede que tu manera de responder resulte demasiado contundente. No debes interpretar cada reacción como una crítica hacia ti. Hay muchos motivos por los que alguien puede comportarse de determinada manera. Sin embargo, cuando observas el mismo patrón repetidamente, merece la pena investigarlo.

3. Aprende a recibir críticas sin defenderte inmediatamente

Cuando alguien señala un defecto nuestro, la primera reacción suele ser justificarlo. Si te dicen que eres impaciente, quizá contestes que simplemente tienes muchas responsabilidades. Si te consideran poco flexible, puedes responder que los demás no son suficientemente organizados.

En lugar de defenderte inmediatamente, prueba a preguntar: «¿Puedes ponerme un ejemplo concreto?». Esta pregunta cambia la conversación. Permite pasar de una opinión general a una situación que puedes analizar. No tienes que aceptar todas las críticas, pero sí conviene escucharlas antes de descartarlas.

4. Compara lo que piensas con lo que haces

  • Una cosa es considerarse paciente y otra demostrar paciencia cuando alguien comete un error.
  • Una cosa es creerse generoso y otra ayudar sin esperar reconocimiento.
  • Una cosa es pensar que se tiene sentido del humor y otra comprobar que los demás también disfrutan de nuestras bromas.

Puedes hacer una pequeña tabla de puntos ciegos durante una semana:

Cómo me describoQué he hecho realmente
Soy paciente¿Cómo reaccioné ante una espera inesperada?
Soy buen oyente¿Dejé terminar a los demás?
Soy flexible¿Acepté alguna propuesta diferente?
Soy generoso¿Ayudé sin esperar nada a cambio?
Soy tranquilo¿Cómo traté a los demás cuando estaba estresado?

El objetivo no es juzgarte, sino encontrar posibles diferencias entre tu autoconcepto y tus acciones.

5. Busca coincidencias, no opiniones aisladas

Una crítica de una persona puede estar equivocada, ser injusta o reflejar un conflicto particular, pero si varias personas independientes señalan el mismo comportamiento, conviene prestar atención. Imagina que un amigo te considera demasiado dominante, pero otros cuatro describen tu manera de relacionarte como respetuosa. No sería razonable aceptar automáticamente la primera opinión como una verdad sobre tu personalidad. En cambio, si cuatro personas coinciden en que interrumpes demasiado, tienes un dato que merece reflexión. La repetición de una observación no demuestra por sí sola que sea cierta, pero aumenta su interés como señal que debes investigar.

¿Cómo saber cómo te ven realmente los demás?

La forma más práctica es comparar tu propia valoración con las opiniones de varias personas que te conozcan en situaciones diferentes. Para ello, puedes utilizar una evaluación anónima que recoja sus impresiones y te permita descubrir coincidencias y discrepancias.

Los puntos ciegos de tu personalidad: 7 cosas que los demás ven en ti y tú no
Los puntos ciegos de tu personalidad: 7 cosas que los demás ven en ti y tú no

Descubre cómo te ven cinco personas de tu entorno

Hay preguntas que son difíciles de hacer cara a cara. No siempre resulta cómodo preguntar a un amigo si te considera arrogante, a tu pareja si eres demasiado exigente o a un compañero si transmites confianza. Por eso puede resultar útil recurrir a un sistema de evaluación anónima.

He preparado una herramienta interactiva que permite crear una evaluación personal y compartirla con cinco personas de confianza. Cada participante responde a un cuestionario y, cuando se han recibido las respuestas, puedes consultar un informe conjunto. La idea es sencilla: comparar cómo te ves tú con la impresión que causas en quienes te conocen.

Puedes utilizarla para investigar aspectos como la confianza que transmites, tu capacidad de comunicación, tu forma de relacionarte, tus fortalezas y aquellos comportamientos que quizá deberías revisar. No se trata de obtener una puntuación que determine cuánto vales, sino de descubrir información que normalmente no llega hasta ti.

Cómo aprovechar lo que descubras sin obsesionarte con la opinión ajena

Conocer tus puntos ciegos no significa que debas cambiar tu personalidad para agradar a todo el mundo. Siempre habrá personas a las que les guste tu manera de actuar y otras que la consideren equivocada. No puedes controlar todas las percepciones, ni sería conveniente intentarlo.

Lo importante es distinguir entre tres situaciones.

  • Primera: una característica que te beneficia. Si varias personas valoran tu capacidad para tomar decisiones, tu sentido del humor o tu generosidad, probablemente estés ante una fortaleza que merece la pena conservar.
  • Segunda: un comportamiento que puedes mejorar. Si varias personas coinciden en que interrumpes, reaccionas mal ante las críticas o tienes dificultades para escuchar, puedes trabajar en ello sin renunciar a tu personalidad.
  • Tercera: una opinión que no tienes por qué compartir. Alguien puede considerarte demasiado reservado cuando simplemente valoras tu intimidad. Otra persona puede pensar que eres poco ambicioso porque no compartes sus prioridades.

No toda diferencia de percepción es un defecto. El autoconocimiento consiste también en aprender a distinguir entre una observación útil y una expectativa ajena que no tienes obligación de satisfacer.

La investigación sobre el desarrollo de la autoconciencia destaca precisamente la importancia de combinar reflexión personal, experiencias y opiniones externas. Una revisión publicada en Annual Review of Organizational Psychology and Organizational Behavior analiza estos procesos y sus posibilidades, así como los límites de la introspección excesiva. Consultar el estudio científico de London, Sessa y Shelley (2023).

Los puntos ciegos pueden convertirse en oportunidades

A veces pensamos que conocernos mejor significa descubrir nuestros defectos. Pero también podemos descubrir cualidades que no valoramos suficientemente. Quizá te consideras una persona corriente y los demás destacan tu capacidad para resolver problemas. Puede que pienses que eres poco sociable, mientras que quienes te conocen aprecian tu discreción y tu capacidad para escuchar.

También puedes descubrir que transmites más confianza de la que imaginas o que tu manera de afrontar las dificultades sirve de ejemplo a otras personas. La información externa no sirve únicamente para corregir errores. También permite reconocer fortalezas que hemos normalizado y que forman parte de nuestra manera de ser. Por eso merece la pena escuchar opiniones diferentes, observar nuestras reacciones y mantener cierta curiosidad sobre cómo nos perciben los demás.

En definitiva, no siempre somos exactamente quienes creemos ser, pero tampoco somos únicamente lo que otros piensan de nosotros. La personalidad se descubre mejor cuando aprendemos a combinar ambas perspectivas.

Los puntos ciegos de tu personalidad: 7 cosas que los demás ven en ti y tú no
Los puntos ciegos de tu personalidad: 7 cosas que los demás ven en ti y tú no

Ideas clave

  • Los puntos ciegos son aspectos de nuestra conducta que no percibimos con claridad.
  • Conocer nuestras intenciones no significa conocer el impacto que causamos.
  • Los hábitos repetidos pueden ocultarnos comportamientos que los demás identifican fácilmente.
  • La ventana de Johari explica las diferencias entre el conocimiento propio y el que procede de otras personas.
  • Pedir opiniones concretas permite obtener información más útil que preguntar simplemente si caemos bien.
  • Las críticas deben analizarse, no aceptarse automáticamente.
  • Cinco perspectivas independientes pueden ayudarnos a descubrir coincidencias que desconocíamos.
  • El autoconocimiento también permite reconocer fortalezas que no valoramos suficientemente.
  • Mejorar no significa cambiar para agradar a todo el mundo.

Preguntas frecuentes

¿Qué son los puntos ciegos psicológicos?

Son aspectos de nuestra personalidad, pensamientos o comportamientos que no identificamos con facilidad, aunque pueden resultar evidentes para otras personas. Pueden influir en nuestras relaciones y decisiones cotidianas.

¿Por qué los demás ven cosas de nosotros que no vemos?

Porque observan nuestro comportamiento desde fuera. Nosotros conocemos nuestras intenciones y pensamientos, mientras que los demás experimentan nuestras palabras, gestos y reacciones. Ambas perspectivas aportan información diferente.

¿Cómo puedo descubrir mis defectos de personalidad?

Puedes pedir opiniones sinceras a personas de confianza, observar tus reacciones ante situaciones difíciles y comparar cómo te describes con lo que haces realmente. Busca comportamientos repetidos, no comentarios aislados.

¿La opinión de los demás sobre mí es más importante que la mía?

No. Tu propia percepción es importante, pero no es infalible. Las opiniones externas aportan información complementaria. Lo recomendable es contrastarlas y decidir qué observaciones tienen fundamento.

¿Se pueden cambiar los puntos ciegos de la personalidad?

Sí. Cuando identificas un comportamiento que perjudica tus relaciones, puedes trabajar para modificarlo mediante reflexión, práctica y nuevas formas de actuar. No se trata de cambiar quién eres, sino de desarrollar una mayor conciencia de tus comportamientos.

Fuentes y lecturas recomendadas

Estas publicaciones permiten profundizar en el autoconocimiento, la percepción personal y la importancia de recibir información externa.

1. London, M., Sessa, V. I. y Shelley, L. A. (2023). Developing Self-Awareness: Learning Processes for Self- and Interpersonal Growth. Annual Review of Organizational Psychology and Organizational Behavior. Una revisión académica sobre el desarrollo de la autoconciencia. Leer investigación.

2. Dunning, D., Heath, C. y Suls, J. M. (2004). Flawed Self-Assessment: Implications for Health, Education, and the Workplace. Psychological Science in the Public Interest. Analiza los errores habituales en la evaluación que hacemos de nuestras propias capacidades. Leer investigación.

3. Eurich, T. (2018). What Self-Awareness Really Is (and How to Cultivate It). Harvard Business Review. Explica las diferencias entre autoconocimiento interno y externo y cómo desarrollar ambos. Leer artículo.

4. Gallrein, A. M. B. y colaboradores (2016). I still cannot see it – A replication of blind spots in self-perception. Journal of Research in Personality. Investigación sobre las discrepancias entre la percepción propia y la impresión que causamos en otras personas. Leer investigación.

5. González-Encinas, J., Saúl, L. A. y García-Martínez, J. (2019). Revisión de la autocaracterización: una técnica narrativa constructivista. Acción Psicológica. Estudia una técnica de reflexión sobre la propia identidad y la forma de describirnos. Leer artículo.

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